El siglo XVIII es conocido como el Siglo de las Luces, o también como el siglo de la Ilustración, por el destacado movimiento cultural e intelectual que vivió principalmente Europa en ese momento y que se desarrolló en las diferentes facetas del conocimiento y del saber, como pueden ser lo literario, filosófico, científico, político o en los asuntos sociales. Buena prueba de ello, y solo en lo tocante a las tierras aragonesas, es la larga nómina de personajes que sobresalieron en esa centuria por un motivo u otro, pero todos ellos relacionados con las materias citadas. Así, destacados políticos nacieron en el mismo, como Pedro Pablo Abarca de Bolea (el X Conde de Aranda) o José Nicolás de Azara (diplomático); naturalistas y exploradores como Félix de Azara, hermano del anterior y una de las personas encargadas de delimitar las fronteras de las posesiones de España y Portugal en América del Sur; Franciso Mariano Nipho, fundador de los primeros periódicos; Ramón de Pignatelli, impulsor –entre otros asuntos– del Canal Imperial de Aragón; historiadores como Ignacio Jordán de Asso, autor de la celebrada Historia de la Economía Política de Aragón; la pedagoga y escritora Josefa de Amar y Borbón, autora de varios textos sobre la defensa de la capacidad de las mujeres; el impresor Joaquín Ibarra, que llegó a imprimir libros para la Casa Real y la Real Academia Española; o genios de la pintura como Francisco de Goya.

Entre ellos también se encuentra el cocinero Juan Altamiras, que nació en La Almunia de Doña Godina y falleció en Cariñena, y quien –entre otros asuntos– fue autor de la obra Nuevo arte de cocina. Unas tierras relacionadas con Altamiras que, hasta llegar a su época, han sido testigos de esa actividad cultural y de sus manifestaciones artísticas, como lo demuestran las numerosas muestras de diferentes épocas que se despliegan por sus rincones y poblaciones.

Una de ellas es Épila, en cuya trama descubrir el palacio de los Conde de Aranda, un edificio de grandes dimensiones del siglo XVII en el que destaca su fachada y su patio. También sobresale su iglesia de Santa María la Mayor, del XVIII, compuesta por tres naves, cabecera plana y fachada clásica jalonada por dos torres, en cuyo interior descubrir el trabajado sepulcro de Lope Ximénez de Urrea, obra renacentista de inicios del siglo XVI.

La siguiente población es La Almunia de Doña Godina. En su silueta emerge con claridad las formas de su iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, edificio levantado en el siglo XVIII atribuido a Ventura Rodríguez. Pegada a su fábrica se encuentra la torre construida con anterioridad a la iglesia, tratándose de una obra mudéjar de planta cuadrada culminada en los cuerpos superiores de forma octogonal, estando decorada con los usuales rombos y arcos entrelazados. En su interior destaca el órgano y el museo de arte sacro, el cual tiene como pieza señera el busto renacentista en plata dorada que representa a Santa Pantaria.

En las afueras de la población se sitúa la ermita de la Virgen de Cabañas, obra de fines del XII e inicios del XIII compuesta por una nave y ábside semicircular, techándose todo el conjunto con bóvedas de cañón apuntado. Lo más destacado de este inmueble se encuentra en su interior, donde apreciar el conjunto de pinturas y tallas góticas, como la imagen de la Virgen en madera del XIII, un Cristo del XV, un precioso alfarje mudéjar del XIV delimitando el coro y decorado con interesantes pinturas de tema heráldico entre motivos vegetales y geométricos, la pila bautismal románica y, destacando entre todo lo demás, el conjunto de pinturas murales francogóticas de inicios del XIV, localizables en la parte inferior del coro correspondiendo a dos sepulcros, además de otro interesante programa en el ábside.

Sobre los tejados de las casas de Ricla se levanta airosamente la torre de la iglesia de la Asunción. Es un magnífico campanario mudéjar construido en el siglo XVI, con planta cuadrangular en los cuerpos inferiores y octogonal en su remate. Torre decorada con las consabidas formas obtenidas por los entrecruzamientos de los ladrillos, formando rombos y otros motivos geométricos.

Anexa se encuentra la iglesia, cuya cabecera poligonal se levantó en el XV, concluyéndose la nave en el siglo siguiente, la cual se cubre con bóvedas de crucería estrellada.

Muy cerca de la anterior se sitúa Morata de Jalón, en cuya plaza se levanta uno de los más interesantes palacios barrocos de Aragón que forma conjunto con la iglesia, todo ello construido a fines del XVII. En la factura del palacio sobresale su airoso y profusamente decorado alero.

Y Chodes, en donde debe admirarse su plaza ochavada levantada en el siglo XVII, una de las manifestaciones más singulares de la arquitectura civil en Aragón, de la que forman parte dos edificios que también merecen su contemplación: la iglesia y el ayuntamiento.

Mesones de Isuela es reconocible por la silueta que le aporta su impresionante castillo-palacio, perteneciente a la familia de los Luna y uno de los mejor conservados de Aragón. Construido entre los siglos XIV y XV, presenta una planta prácticamente rectangular con seis torreones cilíndricos, uno en cada una de las esquinas y otros en cada uno de los lados mayores.

Perfectamente conservado, se divide en dos partes claramente diferenciadas. Por un lado, la residencia señorial situada en la zona del oeste y los patios de armas orientados hacia el este, con sus elementos compositivos y decorativos, subsistiendo arcos apuntados y bellas ventanas góticas.

No obstante, lo más destacable se encuentra en su capilla bajo la advocación de la Virgen de los Ángeles, con planta hexagonal interiormente, prolongada en el siglo XVII con una construcción en mampostería decorada con yeserías barroco-mudéjares. En dicho interior se conserva una talla de fines del románico de la Virgen, policromada y fechada en el XIII, y su indescriptible techumbre cupuliforme mudéjar. Se compone de casi un centenar de tablas que representan figuras de ángeles, muy parecidos unos con otros, los cuales se encuentran separados por frisos y entrecalles profusamente decorados con motivos vegetales, animales de variada adscripción –incluso fantásticos- y repetidos escudos de los Luna.

Mudéjar es, asimismo, la torre de la iglesia parroquial, la cual presenta planta cuadrangular en la parte inferior y octogonal en la superior, decorándose todos sus muros con los usuales motivos conseguidos con el entrecruzamiento de ladrillos.

Y, para finalizar con los alrededores de La Almunia de Doña Godina, Tierga, en donde sobresale su iglesia, enclavada en lo más alto del pueblo. Se trata de una obra del siglo XVI, cuya nave se techa con bóvedas de crucería estrellada y cuyo exterior se corona por una galería de arcos de medio punto apeados sobre columnas clásicas dóricas.

Pero, lo más destacable, es su airosa torre mudéjar, la cual se compone de tres cuerpos decorados con los habituales motivos conseguidos con los entrecruzamientos de ladrillos, fundamentalmente rombos.

Los otros enclaves que merecen contemplarse son los que están en las inmediaciones de Cariñena, o en el camino que conduce hasta la misma, hacia esta población en la que murió Altamiras. Así, a escasos kilómetros de Zaragoza aparece Cadrete, con iglesia barroca, los restos barrocos del monasterio de Santa Fe en sus inmediaciones y, dominando la población, el castillo de origen musulmán.

Enseguida se vislumbrará Botorrita, población en la que descubrir las ruinas de su ciudad celtibérica, posteriormente ocupada también por los romanos.

Ocupa una pequeña colina, en cuya parte superior se encuentra una curiosa construcción de adobe, única en el occidente europeo. Entre los numerosos hallazgos de este yacimiento arqueológico, denominado Contrebia Belaisca, merecen destacarse sus bronces epigráficos tanto iberos como romanos.

Le sigue la villa de Muel, muy conocida por su bella cerámica de origen musulmán, que aún sigue produciéndose en el espacio habilitado para su obtención, que cuenta asimismo con un museo. Cerámica de tonos azules, representando por lo general motivos geométricos y vegetales.

El otro elemento a visitar es la ermita de Nuestra Señora de la Fuente, construida sobre los muros de una sólida presa romana, una de las más antiguas de España. La ermita es una construcción barroca fechada en 1770, según rezan los preciosos azulejos decorados y esmaltados del altar mayor. En su crucero se eleva la cúpula sobre pechinas, las cuales fueron pintadas por Francisco de Goya en sus años de juventud. Las cuatro pechinas de forma prácticamente triangular representan a los cuatro padres de la iglesia. Sin olvidar la factura barroca de su iglesia parroquial, con torre decorada con motivos mudéjares.

Algo más adelante en el camino se encuentra la población de Longares, cuya iglesia del siglo XVI se compone de una amplia planta de salón cubierta con bóvedas de crucería estrellada. No obstante, además del órgano barroco y otros bienes muebles que guarda en su interior, lo más destacado es su torre, obra mudéjar que rememora la estructura y forma de un alminar árabe. De planta cuadrada, su último cuerpo se encuentra decorado a base de una cenefa de azulejos que enmarcan una ventana ajimezada, rematándose con almenas y una pequeña torre que corresponde a la que va por el interior de esta construcción.

Pronto se llega a Cariñena, lugar de fallecimiento de Juan Altamiras. Esta población es conocida, sobre todo, por su producción vinícola, la más antigua de Aragón con denominación de origen, cuya actividad puede ser conocida a través del Museo del vino.

Por otra parte, su iglesia es un gran templo barroco, en cuyo interior se atesora un magnífico busto de plata dorada renacentista, sin olvidar su torre medieval de planta poligonal. También el Ayuntamiento, edificio renacentista en el que sobresalen sus bajos porticados y las galerías superiores, respondiendo al modelo aragonés.

Cariñena y todo su entorno es población y territorio afamado desde siempre por sus vinos, por su producción vitivinícola. Unos caldos que, además, están siendo refutados en la actualidad por su calidad y sabor, destacando alguna de sus marcas entre las mejores en la relación calidad-precio. Para conocer dichos caldos rojos, su proceso de elaboración y producción, sus calidades, las bodegas existentes, los utensilios necesarios para su obtención y todo lo relacionado con el vino, se abrieron las puertas del Museo del Vino de Cariñena. Situado en la conocida como Casa de la Viña y el Vino, una antigua bodega construida en 1918 rehabilitada manteniendo su estructura y componentes originales, en sus salas se encuentran paneles expositivos y explicativos sobre el proceso de elaboración, así como documentos históricos, trujales y viejos utensilios. Asimismo, este edificio acoge la sede de la Denominación de Origen Cariñena.

Cercano al anterior está Paniza, población –como toda la zona– muy vinculada al vino, en la que merece apreciarse su trama urbana y su iglesia renacentista con torre anexa decorada siguiendo los motivos mudéjares. Lugar, además, en donde nació María Moliner, bibliotecaria y autora del célebre Diccionario de uso del español, y el escritor Ildefonso Manuel Gil.

Para ir acabando con este segundo entorno relacionado con Altamiras, dos lugares que merecen una pequeña escapada: Fuendetodos y Tosos. El primero es el pueblo de nacimiento del genial pintor Francisco de Goya, en donde se ha conservado su casa natal. Se trata de una construcción sencilla, siguiendo el modelo de casa popular aragonesa, en la que destaca la cocina.

Junto a la anterior se levanta un pequeño edificio destinado a recoger algunos de los momentos y obra de Goya, y un Museo del grabado con obras de diversos artistas.

El segundo, no muy lejos del anterior, para descubrir en sus alrededores la ermita del Santo, lo que resta de un antiguo monasterio, en especial su iglesia cisterciense fechada a inicios del XIII, donde aún son apreciables sus tres naves y, sobre todo, su portada y la factura de sus ábsides semicirculares.

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